La Biblia nos enseña en Santiago 5:14-16:
“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.
En la Iglesia de Dios hay mucha angustia, ansiedad, frustración y estrés. Cuando enfrentamos grandes dificultades económicas o de salud, cuando hay desempleo y no vemos que nuestra situación se resuelva, aunque oremos, podemos llegar a pensar que Dios no escucha nuestras oraciones y comenzamos a afanarnos. Pero eso no es verdad.
Dios nunca ha dejado de amarnos. Él no solamente escucha nuestras oraciones, sino que también conoce nuestras necesidades y carencias. Dios está siempre ahí; solo necesitamos buscarlo y aprender a escuchar su voz cuando oramos.
Cuando oramos con fe, suplicando a Dios con un corazón humilde y necesitado, buscamos su rostro. Entonces los cielos se abren para contemplar su gloria, su poder y su misericordia sobre nuestras vidas, tal como dice su Palabra:
“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.
Jeremías 29:13
Entonces recibimos dirección y paz en medio del tormento. Suceden milagros poderosos, recibimos fuerzas para levantarnos y permanecer de pie, y vemos cómo se abren puertas para encontrar soluciones y salir adelante en victoria sobre nuestros problemas.
La Palabra de Dios dice:
“Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.
Mateo 7:8
¡Dios sí nos escucha!
La fe está definida en Hebreos 11:1:
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.
Jesús nos dejó esta palabra para nuestra bendición. Dios tiene grandes planes para nosotros, y es momento de activar nuestra fe, creyendo que aquello que pedimos conforme a su voluntad puede llegar a cumplirse. Debemos permanecer en su Palabra y perseverar en oración de día y de noche, dejando todas nuestras preocupaciones y ansiedades en sus manos y sujetándonos a su tiempo.
El proceso también puede ser para bendición, honra y gloria de su nombre. Porque, a pesar de lo grande que pueda llegar a ser el problema, Jesús es quien lucha por nosotros y quien vence a los gigantes.
Y si Jesús lucha por nosotros, lo menos que debemos hacer es ser valientes y enfrentar cada prueba en oración y fe, confiando en que Él hará conforme a su voluntad.
Así que, en medio de una crisis económica, oremos con fe y acción de gracias por las puertas laborales que se abrirán, creyendo que lo que humanamente parece imposible, para Jesús sí es posible. Celebremos por fe lo que vendrá y guardemos en nuestro corazón su Palabra.
En Malaquías 3:10, Dios nos recuerda la importancia de la fidelidad y la obediencia. Con un corazón dispuesto, confiemos en que Dios proveerá conforme a sus promesas y a su perfecta voluntad.
Cuando la familia se fracture, creamos que Dios puede restaurarla. Persistamos en oración de fe por nuestros hijos, nuestro esposo o esposa y nuestros familiares. Levantémonos en oración, creyendo de todo corazón en las promesas de Dios y confiando en que Él puede alcanzar y transformar a cada miembro de nuestra familia.
Decidamos creer, porque para el que cree todo es posible.
Aun cuando el diagnóstico médico sea muy grave y parezca que, lejos de mejorar, la salud se encuentra cada vez más delicada, no tengamos temor. Tengamos la certeza de que Jesús es el Médico de médicos y que Él tiene el control. Creamos con todo nuestro corazón que Dios puede sanar y levantar al enfermo, confiando en que, si Dios está a nuestro lado, tenemos todo lo necesario para levantarnos en fe y luchar para vencer en el nombre de Jesús.
En todo tiempo debemos procurar vivir en justicia delante de Dios, sabiendo que la oración eficaz del justo puede mucho. Por tanto, pongámonos a cuentas con nuestro Señor Jesucristo: arrepintámonos y confesemos nuestros pecados, perdonemos y pidamos perdón, y busquemos que nuestro actuar dé testimonio de que Dios vive y reina en nuestra vida.
No abandonemos los sueños y anhelos de nuestro corazón. Más bien, en todo momento, creamos que Jesús puede hacer grandes milagros, porque para Él nada es imposible. Aunque nadie crea en nosotros y el tiempo parezca apremiar, debemos continuar perseverando en oración de fe, teniendo la certeza de que podremos ver ese milagro en el tiempo de Dios.
Por eso, seamos valientes y trabajemos mediante la oración de fe, esperando nuestro milagro. Presentemos nuestras peticiones delante de Dios y declaremos, en el nombre de Jesús, la victoria, siempre sometiéndonos a su voluntad.
Tal como dice su Palabra en Marcos 11:24:
“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.
Guardemos también en nuestro corazón la promesa de Juan 14:13:
